Sensación extraña, ajena. El tiempo hizo lo suyo. El tiempo trajo otras cosas, cosas que no son esta misma que rasguña cada centímetro cuadrado de mi piel. El tiempo...siempre el tiempo.
Y yo silbando bajito, mirando de reojo a quien reconozco incapaz de comprender las ambigüedades que trazan lineas un tanto efímeras sobre cada segundo que transcurre....inimputable.
¿Qué fue?
¿Cómo fue?
Solo escupo monosílabos.
Sentada a la orilla de mi cama. Contemplando inverosimilitudes que danzan eróticamente sobre un cuerpo ya tantas veces desdibujado.
Porque esto me sabe tan amargo? Porque me es tan incomprensible?
Si de alguna forma lo predije. Y nadie quiso oirlo. Y nadie entiende como perturba cada uno de mis suspiros.
Es castigo?
Tanto tiempo ya...de no enfrentarme a este espejo, de no dejarme envolver con brazos brujos, brazos fantasmas, pulpos en plena metamorfósis.
Es desesperante. Es ciertamente, y no solo ciertamente sino que también infinitamente abrumador sepultar los días simplemente aguardando que el mismo destino se ocupe de volver a construir mi castillo de naipes.
Nada tiene sentido.
Y la piel...tan traidora, tan implacablemente delatora...que se eriza...se contrae...deja emanar por cada poro...un poco de esto...que no se que es.
Hoy no fui yo. Hoy intenté de cualquier forma parecerme a aquello que más desearas. Un universo por descubrir, un diccionario a medio leer, el sepulcro de mi integridad, mi desnudez detrás de una cortina. Hoy no fui yo....y nunca, jamás necesité tanto serlo. Me falló la receta. Me faltó el gris que ensuciara todo este blanco.
Hoy no fui yo. Y la desesperación todavía ronda por este recinto.